Domingo, 30 de Noviembre del 2025

De A. Korn a Berlin, parando en todas.

BUENOS AIRES — 26 de noviembre de 2025 — Una mañana como cualquier otra, decenas de pasajeros de la línea Roca se sorprendieron al ver andenes de la histórica Estación Plaza Constitución cubiertos con símbolos nazis, cartelería en alemán y una vieja locomotora a vapor. Lo que parecía un acto de provocación resultó ser nada menos que el set de filmación de la próxima serie de Netflix, “El Ruso”, ambientada en la Alemania nazi de la Segunda Guerra Mundial.  


¿Qué pasó en Constitución?

 

Los andenes 12 y 13 del complejo fueron transformados para reproducir con exactitud una terminal centroeuropea de los años 40. La ambientación incluyó banderas, carteles en alemán y utilería histórica, incluyendo la locomotora Vulcan Foundry 3925. La producción pertenece a Netflix, bajo la dirección de Sebastián Borensztein y protagonizada por Chino Darín. 

 

Desde Trenes Argentinos aclararon que la escenografía era parte de un rodaje autorizado, y que no interfería con el funcionamiento habitual de la línea.

 

Reacciones: sorpresa y preocupación

 

Las imágenes comenzaron a circular por redes apenas varias personas compartieron fotografías. Muchos pasajeros declararon sentirse incómodos por la imagen de símbolos nazis en un espacio público, antes de conocerse el contexto del rodaje. 

 

La polémica remite también a otros usos del sistema ferroviario argentino en producciones con ambientación nazi: en 1997, la Estación La Plata sirvió como locación para filmar escenas de la película “Siete años en el Tíbet”. En aquella oportunidad se utilizaron banderas, utilería y ambientación similar, despertando ya en su momento cuestionamientos sobre el uso de simbología histórica. 

 

¿Por qué se usan estaciones argentinas para ambientaciones históricas europeas?

 

Según los responsables del rodaje, la arquitectura de estaciones como Constitución — techos de hierro, arcos amplios y pasillos amplios — ofrece una estética similar a las estaciones europeas de principios del siglo XX, lo que facilita recrear atmósferas históricas con menor necesidad de modificar estructuras existentes. 

 

Además, la tradición de usar estaciones del país como plató no es nueva: producir cine y series en locaciones reales, con valor patrimonial o arquitectónico, ha sido práctica habitual en distintas producciones nacionales e internacionales. 

 

¿Qué significa este rodaje para la memoria colectiva?

 

La transformación de un espacio cotidiano —una estación de tren— en una ambientación bélica le propone al público una experiencia de choque visual: lo familiar se mezcla con lo histórico, lo local con lo universal. Eso genera preguntas sobre qué tan legítimo es “prestar” espacios públicos para reproducir imágenes que evocan tragedias del pasado, y si es suficiente con aclarar que se trata de ficción.

 

Al mismo tiempo, la visibilidad que genera un proyecto global como “El Ruso” puede poner en valor el patrimonio arquitectónico argentino, reconocer estaciones históricas, y abrir debates sobre memoria, ficción y responsabilidad social en producciones audiovisuales.

 

Antecedente universitario en la UBA

 

Vale recordar que no es la primera vez en la Argentina reciente que espacios públicos–académicos son utilizados como escenarios de ficciones ambientadas en la Europa nazi. En febrero de 2020, la Facultad de Derecho de la UBA protagonizó una situación similar. Varias banderas con esvásticas se colgaron en los imponentes pilares del ingreso a la facultad generando sorpresa entre estudiantes, turistas y transeúntes. 

 

La institución había cedido parte de sus instalaciones para filmar escenas de la película brasileña El Ángel de Hamburgo, ambientada en la Alemania nazi. Esa decisión provocó una fuerte reacción pública: las imágenes se viralizaron, y hubo reclamos de ciudadanos alarmados por la simbología, antes de que la producción aclarara que se trataba de un set de filmación. 

 

Este antecedente refuerza las tensiones que pueden generarse cuando ficciones históricas deciden usar espacios reales — y evidencia que, si bien puede haber justificaciones artísticas o logísticas, el impacto simbólico suele ser inmediato. En ese sentido, el reciente rodaje en la estación (o línea de tren) que estamos reportando no es un hecho aislado, sino parte de una tradición —y una polémica recurrente— en la utilización de espacios públicos argentinos como escenarios de ambientaciones muy sensibles.

 

Ed. 001