De A. Korn a Berlin, parando en todas.

¿Qué pasó en Constitución?
Los andenes 12 y 13 del complejo fueron
transformados para reproducir con exactitud una terminal centroeuropea de los
años 40. La ambientación incluyó banderas, carteles en alemán y utilería
histórica, incluyendo la locomotora Vulcan Foundry 3925. La producción
pertenece a Netflix, bajo la dirección de Sebastián Borensztein y protagonizada
por Chino Darín.
Desde Trenes Argentinos aclararon que la
escenografía era parte de un rodaje autorizado, y que no interfería con el
funcionamiento habitual de la línea.

Reacciones: sorpresa y preocupación
Las imágenes comenzaron a circular por redes
apenas varias personas compartieron fotografías. Muchos pasajeros declararon
sentirse incómodos por la imagen de símbolos nazis en un espacio público, antes
de conocerse el contexto del rodaje.
La polémica remite también a otros usos del
sistema ferroviario argentino en producciones con ambientación nazi: en 1997,
la Estación La Plata sirvió como locación para filmar escenas de la película
“Siete años en el Tíbet”. En aquella oportunidad se utilizaron banderas,
utilería y ambientación similar, despertando ya en su momento cuestionamientos
sobre el uso de simbología histórica.
¿Por qué se usan estaciones argentinas para
ambientaciones históricas europeas?
Según los responsables del rodaje, la
arquitectura de estaciones como Constitución — techos de hierro, arcos amplios
y pasillos amplios — ofrece una estética similar a las estaciones europeas de
principios del siglo XX, lo que facilita recrear atmósferas históricas con
menor necesidad de modificar estructuras existentes.
Además, la tradición de usar estaciones del
país como plató no es nueva: producir cine y series en locaciones reales, con
valor patrimonial o arquitectónico, ha sido práctica habitual en distintas
producciones nacionales e internacionales.
¿Qué significa este rodaje para la memoria
colectiva?
La transformación de un espacio cotidiano —una
estación de tren— en una ambientación bélica le propone al público una
experiencia de choque visual: lo familiar se mezcla con lo histórico, lo local
con lo universal. Eso genera preguntas sobre qué tan legítimo es “prestar”
espacios públicos para reproducir imágenes que evocan tragedias del pasado, y
si es suficiente con aclarar que se trata de ficción.
Al mismo tiempo, la visibilidad que genera un
proyecto global como “El Ruso” puede poner en valor el patrimonio
arquitectónico argentino, reconocer estaciones históricas, y abrir debates
sobre memoria, ficción y responsabilidad social en producciones audiovisuales.
Antecedente universitario en la UBA
Vale recordar que no es la primera vez en la
Argentina reciente que espacios públicos–académicos son utilizados como
escenarios de ficciones ambientadas en la Europa nazi. En febrero de 2020, la
Facultad de Derecho de la UBA protagonizó una situación similar. Varias
banderas con esvásticas se colgaron en los imponentes pilares del ingreso a la
facultad generando sorpresa entre estudiantes, turistas y transeúntes.
La institución había cedido parte de sus
instalaciones para filmar escenas de la película brasileña El Ángel de
Hamburgo, ambientada en la Alemania nazi. Esa decisión provocó una fuerte
reacción pública: las imágenes se viralizaron, y hubo reclamos de ciudadanos
alarmados por la simbología, antes de que la producción aclarara que se trataba
de un set de filmación.
Este antecedente refuerza las tensiones que
pueden generarse cuando ficciones históricas deciden usar espacios reales — y
evidencia que, si bien puede haber justificaciones artísticas o logísticas, el
impacto simbólico suele ser inmediato. En ese sentido, el reciente rodaje en la
estación (o línea de tren) que estamos reportando no es un hecho aislado, sino
parte de una tradición —y una polémica recurrente— en la utilización de
espacios públicos argentinos como escenarios de ambientaciones muy sensibles.

Ed. 001