Miércoles, 10 de Junio del 2026

De cortar el pelo a vender ropa: cómo las barberías buscan reinventarse para sobrevivir

De cortar el pelo a vender ropa: cómo las barberías buscan reinventarse para sobrevivir

Al ingresar a una barbería ubicada en Alejandro Korn, frente a la iglesia de los mormones, el visitante se encuentra con una escena inesperada.

Antes de llegar al sillón de barbería aparecen percheros cargados de ropa, sombreros exhibidos cuidadosamente, perfumes y canastos repletos de prendas a precios accesibles.

Las remeras arrancan en los 17.000 o 18.000 pesos y conviven con artículos de feria americana aún más económicos.

El negocio principal sigue siendo el mismo: cortes de pelo y arreglo de barba.

Pero la realidad económica obligó a sumar nuevas fuentes de ingresos.

“No alcanza solamente con cortar el pelo”, reconocen desde el sector.

La barbería se convirtió en una pequeña tienda.

Y no es un caso aislado.

Un oficio que busca alternativas

Durante la última década las barberías vivieron un verdadero boom en todo el país.

La moda de los cortes degradados, las barbas prolijas y los estilos urbanos multiplicó la apertura de locales.

Sin embargo, el contexto económico actual cambió las reglas del juego.

Los alquileres aumentan, la electricidad representa uno de los principales costos operativos y las máquinas profesionales, tijeras y herramientas de trabajo tienen precios cada vez más elevados.

Por eso muchos emprendimientos comenzaron a diversificar sus ingresos.

La venta de ropa, accesorios y productos vinculados a la estética masculina aparece como una alternativa para complementar la actividad principal.

El fenómeno del alquiler de sillones

Otra modalidad que crece en la región es el llamado “alquiler de sillón”.

Se trata de barberos independientes que no cuentan con local propio y alquilan por hora, por día o por porcentaje un espacio dentro de una barbería ya instalada.

La modalidad permite reducir costos fijos y facilita que nuevos profesionales puedan iniciar su actividad.

También se observa cada vez más la apertura de barberías compartidas entre varios trabajadores que se unen para afrontar alquileres y gastos de funcionamiento.

Los cursos como nueva fuente de ingresos

Algunos barberos encontraron otra oportunidad de negocio.

La formación.

Los cursos personalizados y capacitaciones para jóvenes que buscan iniciarse en el oficio se transformaron en una fuente complementaria de ingresos.

La demanda existe y muchos profesionales aprovechan su experiencia para transmitir conocimientos mientras fortalecen su economía.

La diferencia con las peluquerías femeninas

Dentro del sector de la belleza, la realidad de las peluquerías femeninas parece algo más consolidada.

Los servicios de coloración, tratamientos capilares, peinados y estética generan una oferta más amplia y estable.

Además, muchas peluquerías incorporaron servicios complementarios como belleza de manos, masajes, maquillaje o venta de productos específicos.

En San Vicente y la región varios centros de estética incluso sumaron peluquería a sus propuestas para ampliar la cartera de servicios.

Reinventarse para seguir abiertos

La barbería de Alejandro Korn refleja una realidad que atraviesa a numerosos pequeños comercios.

El cliente ya no entra solamente a cortarse el pelo.

Puede salir con una campera, un perfume, un sombrero o una remera.

En tiempos donde el consumo se volvió más difícil y los costos no dejan de crecer, muchos emprendedores descubrieron que la supervivencia depende de reinventarse.

Y en algunos casos, una barbería terminó convirtiéndose también en una tienda.

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