Lunes, 7 de Septiembre del 2026

Después de más de 100 años guardado, un carruaje de 1880 volvió a rodar y desfiló por Bernal

Después de más de 100 años guardado, un carruaje de 1880 volvió a rodar y desfiló por Bernal

Un carruaje fabricado en Europa en 1880 volvió a rodar después de más de un siglo guardado. Se trata de un antiguo break de origen francés que perteneció a don Julián Fidel Arechavala y que durante décadas permaneció en el campo La Dionisia, en San Vicente.

El regreso se produjo este fin de semana, durante el desfile realizado en Bernal, en el marco de los festejos por la fecha comunal de la localidad. Para la familia Arechavala, sin embargo, no fue solamente la recuperación de un vehículo antiguo: fue también el regreso de una parte de su propia historia.

Según las anécdotas familiares, hacía más de 110 años que ninguna persona viva recordaba haber utilizado o siquiera visto circular el carruaje.

Durante todo ese tiempo permaneció protegido dentro de un galpón. El clima no llegó a afectarlo de manera significativa, aunque el paso de los años dejó sus consecuencias: las polillas y la tierra del piso del galpón deterioraron las maderas y las ruedas.

Cinco años para volver a ponerlo en marcha

El rescate comenzó durante la pandemia. Jorge Villanueva y sus hijos Diego y Julián, integrantes del tradicionalismo quilmeño, asumieron la tarea de recuperar el carruaje.

Los trabajos se extendieron durante aproximadamente cinco años y abarcaron reparaciones estructurales, restauración de maderas, pintura y embellecimiento, además de la reparación de rayos y el enllantado.

Las cuatro ruedas fueron reparadas por Herrería Erregue, uno de los pocos establecimientos que actualmente continúa dedicado a este tipo de trabajos.

También se realizaron modificaciones para adaptar el carruaje a un uso seguro. Se retiró la antigua lanza y se colocaron varas, por lo que pasó de una configuración para dos caballos a una para un solo animal.

El resultado fue un carruaje que conservó su identidad histórica pero pudo volver a circular.

¿Por qué Bernal?

La elección de Bernal tuvo un motivo especial. La localidad celebró su fecha comunal el 6 de septiembre y allí viven parte de los descendientes y allegados de don Julián Fidel Arechavala.

El carruaje, que durante su historia estuvo vinculado a San Vicente lugar de origen, Quilmes y Madariaga como lugars de su restauracion, volvió así a una zona que también forma parte de la historia de la familia.

Durante el desfile recorrió las calles de Bernal, incluyendo avenida San Martín y avenida Zapiola, pasó frente a la iglesia local y estuvo ante autoridades comunales.

Un debut con varias generaciones

El primer desfile también tuvo una fuerte presencia familiar.

Jorge Villanueva estuvo al frente del carruaje acompañado por su nieta Martina, quien justamente cumplía 10 años.

También participaron Susana Arechavala y Agustín Arechavala, nieta y bisnieto de don Julián, ambos de San Vicente, junto a Silvia Celina, otra de las nietas del antiguo propietario.

La emoción estuvo presente durante todo el recorrido.

Jorge recordó que la última vez que había participado de un desfile junto a una nieta ella tenía apenas tres años y lo acompañaba a caballo.

Silvia tampoco pudo contener la emoción cuando el relator Cacho Zúñiga mencionó públicamente la historia del carruaje y recordó a su abuelo.

La historia de don Julián

Detrás del carruaje hay también una historia de inmigración, trabajo y desarrollo rural en San Vicente.

Don Julián Fidel Arechavala llegó a la Argentina escapando de la crisis que atravesaba España a comienzos del siglo XX. En sus primeros años se instaló en Quilmes, cerca del río, donde siendo todavía menor de edad para la legislación de aquella época comenzó a trabajar como peón de almacén.

Fue allí donde también empezó a comprar sus primeros animales, que pastaban en la zona del río.

Con los años pudo adquirir su primer campo en la zona del Camino Once Bocas, en San Vicente, donde junto a Dionisia Flores formó una familia numerosa.

La actividad comenzó con un tambo realizado de manera artesanal, como era habitual en aquellos tiempos. Con el crecimiento de la explotación llegó a tener alrededor de 30 peones y despachar cientos de tarros de leche desde la estación de tren de San Vicente.

Más adelante, la familia se volcó principalmente a la ganadería de carne, incorporando nuevas hectáreas y complementando la actividad con la siembra destinada a producir forraje.

Sus hijos varones continuaron con la actividad y, con el paso de las generaciones, el legado quedó en manos de nietas, bisnietos y tataranietos.

Un pedazo de historia que volvió a rodar

El break lleva la matrícula 004 de la Municipalidad de San Vicente, un detalle que refuerza su vínculo con la historia local.

Ahora, después de más de un siglo guardado, volvió a recorrer las calles.

La intención de la familia es que el próximo año pueda llegar a San Vicente y participar de las tres fiestas tradicionales que se realizan en el distrito.

Entre los próximos lugares donde podría ser exhibido también aparecen Dolores y Loma Verde.

Más que un antiguo carruaje, el regreso del break de 1880 significó poner nuevamente en movimiento una historia familiar que atravesó generaciones.

Cien años después, una parte de la historia de San Vicente volvió a rodar.



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