“Nunca estuve tan mal como ahora”: la historia de Néstor, el comerciante que cerró sus negocios y hoy maneja Uber para sobrevivir
Cuando los trenes se interrumpen y miles de pasajeros quedan varados en estaciones del sur del conurbano, aparecen los conductores de aplicaciones para intentar cubrir una necesidad urgente.
Uno de ellos es Néstor.
Mientras esperaba pasajeros, contó una historia que para muchos vecinos resulta cada vez más familiar: durante décadas tuvo comercios propios, trabajó, invirtió y logró construir su patrimonio. Hoy maneja Uber y Didi para poder sostenerse.
Durante 25 años tuvo una regalería y librería en Claypole. El local estaba bien ubicado y funcionaba de lunes a sábado. En aquellos años incluso podía darse un lujo impensado hoy: cerrar unas horas para dormir la siesta porque en ese horario no circulaba prácticamente nadie.
Pero el escenario cambió.
A comienzos de este año debía renovar el contrato de alquiler. La nueva pretensión económica de los propietarios hizo imposible continuar.
“No pude seguir. El alquiler se volvió impagable”, resume.
No fue el único golpe.
Antes de eso había tenido también un almacén, que cerró durante la pandemia de 2020. En aquel momento llegó a tener dos comercios funcionando simultáneamente.
“Cada vez vendíamos menos”
Néstor recuerda los viajes al barrio de Once para comprar mercadería y abastecer su negocio.
Sin embargo, asegura que con el paso del tiempo comenzó a notar cómo sus productos perdían competitividad frente a artículos importados que llegaban directamente desde China.
“Cada vez era más difícil competir”, explica.
Según su mirada, el problema principal es que “no hay plata en la calle”.
“Si el jubilado ganara más, tendría más oportunidades. Si la construcción se reactivara, muchos vecinos tendrían dinero para comprarme”, reflexiona.
También cree que la paralización de la obra pública afectó especialmente a localidades como Claypole y gran parte del conurbano.
“La obra pública era un motor para las economías de los pueblos. Hoy está parada. Y las calles también”, sostiene.
Del mostrador al volante
Con los negocios cerrados, encontró en las aplicaciones una salida laboral inmediata.
Actualmente trabaja con Uber y Didi, aunque reconoce que tampoco es una actividad sencilla.
“Tratamos de conectarnos cuando las tarifas son mejores porque muchas veces hacés muchos kilómetros por muy poca plata”, explica.
Aun así, reconoce que le permitió generar ingresos en un contexto complicado.
Una autocrítica y una esperanza
Durante la charla también admite errores propios.
Reconoce que no logró adaptarse a tiempo al crecimiento del comercio electrónico.
“Quizás podría haber seguido vendiendo por Mercado Libre. No estuve rápido ni ducho para esos temas”, admite.
Pero cuando se le pregunta si volvería a tener un negocio, la respuesta es inmediata.
“Sí. Uno, dos o tres. Volvería a abrir sin dudarlo”.
Después de un breve silencio, deja una frase que resume su presente.
“Nunca estuve tan mal como ahora. Me ha ido muy bien. Incluso con Macri me iba muy bien. Pero como esto, nunca debí”.
Su historia no aparece en estadísticas ni informes económicos.
Sin embargo, refleja la realidad de cientos de comerciantes del sur del conurbano que durante años generaron empleo, sostuvieron sus negocios y hoy buscan reinventarse para llegar a fin de mes.
ed86